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Civilización y barbarie en el cine de terror argentino
El cine de terror argentino hunde sus raíces en una de las divisiones ideológicas más definitorias de la historia nacional: la amplia brecha que separa a los salvajes de los civilizados. Este marco ideológico es el legado del libro Facundo: Civilización y Barbarie (1845), uno de los textos más influyentes de la literatura argentina. En el libro, Sarmiento sugería que los disturbios civiles en Argentina eran causados por las tensiones inherentes a la dicotomía entre civilización y barbarie. El discurso social de Sarmiento sostenía que la civilización debía importarse a Argentina desde Europa para suplantar las formas bárbaras y nativas de gauchos, caudillos, aborígenes y negros.
Dado que el cine de terror se nutre de las ansiedades sociales y culturales, no es casual que el breve corpus de películas de terror argentinas producidas durante la era clásica -aproximadamente entre 1933 y 1959- abordara el tropo del Otro que acecha dentro de cada ciudadano civilizado. El cine de terror nacional comenzó con El Hombre Bestia (Camilo Zaccaría Soprani, 1934), película que contiene en su título dicho división. La película funciona como un anteproyecto para las películas de terror venideras. Una Luz en la Ventana (Manuel Romero, 1942) y El extraño Caso del Hombre y la Bestia (Mario Soffici, 1951) también giraban en torno al tema del salvaje interior.
En el cine de terror clásico argentino no hay monstruos sobrenaturales sino personas «normales» que contienen en su interior el germen de la monstruosidad, de la barbarie, produciendo así un doble: el hombre civilizado que esconde un monstruo en su interior. Esta división prosigue aun hoy, en films como Cuando acecha la maldad (Demián Rugna, 2023), sostenida por divisiones entre ciudad y lo rural. Dicha dicotomía se complejiza, en el cine contemporáneo, gracias a la aparición de barrios urbanos, complejizando la división clásica. -
Bordes en Tensión: Historia y Alegoría en el Cine de Terror Báltico.
Históricamente, Rusia y Ucrania han atravesado una serie de tensiones geopolíticas, tanto ideológicas como territoriales, que han desencadenado la invasión de Putin a territorio ucraniano. La invasión y posterior destrucción nos recuerdan que los países bálticos siempre han estado enmarcados en conflictos incendiarios, al punto que la Gran Guerra se inició en este preciso espacio. Sin embargo, esta historia de conflictos solo ha sido estudiada desde puntos de vista exclusivamente históricos y/o políticos, dejando de lado otras disciplinas como las artes y, específicamente, el cine. Esto último es comprensible, ya que el cine se estudia mayormente desde su estética antes que desde su capacidad para hacer historia. Dentro del mundo audiovisual, el cine de terror, como género, ha sido víctima del silencio académico.
El cine de terror, sin embargo, funciona como un espejo alegórico que devuelve, bajo el disfraz de lo “fantástico”, ansiedades y miedos colectivos de una sociedad dada en un tiempo localizado. Siguiendo palabras del teórico Robin Wood, el cine de terror escenifica, bajo el disfraz alegórico, lo que una sociedad reprime. En este sentido, es llamativa la ausencia de investigaciones sobre el cine fantástico de los países bálticos. Dejando de lado países como Alemania, regiones como Finlandia, Polonia, Suecia, Dinamarca, etc., no han sido estudiadas y su cine de terror permanece aún hoy en los márgenes de la historia.
Esta investigación analizará las producciones cinematográficas dentro del género del terror de estos países aún “periféricos” en la investigación académica cinematográfica para demostrar las distintas maneras por las cuales su cine fantástico alegorizó tensiones internas y fronterizas. Dicha investigación no solo significaría un aporte importante al estudio del cine, sino también ayudaría a crear una historia alternativa que ayude comprender tensiones que hoy están reflotando desde su estado de represión nacional y transnacional.
