Narrar la sujeción femenina en el siglo XVII español. María de Zayas, Leonor de Meneses y Mariana de Carvajal en la órbita ficcional post cervantina
Resumen
El estudio de la escritura femenina en España, desde una perspectiva material y estrictamente documental, es materia que, desde los seminales estudios de Manuel Serrano y Sanz (1903) —Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas, desde el año 1401 al 1833— hasta los actuales resultados del grupo BIESES coordinado por Nieves Baranda Leturio "Bibliografía de Escritoras Españolas", ISSN 2659-2924, https://www.bieses.net/ (2008-2013)— continúa en incesante expansión y progresiva reformulación de sus objetivos críticos. En efecto, las incipientes cartografías de ingenios femeninos se siguen perfeccionando con ópticas focalizadas en períodos, géneros cultivados o tipologías textuales conservadas. Y es hecho insoslayable, hoy día, que una de las empresas más atractivas de tantos empeños críticos previos atañe a la necesaria dilucidación e interpretación de los motivos por los cuales el siglo XVII español es aquel que ve florecer, anómalo y a contrapelo de todos los análisis cuantitativos y cualitativos conocidos, una pléyade bien variada de autoras. Su sola existencia permite inferir cómo, a partir del 1600, las mujeres —sino todas, al menos un número bien representativo— habrían sabido granjearse legitimaciones varias gracias a las cuales pudieron posicionarse, en un campo cultural eminentemente masculino y férreamente regulado por las políticas de género entonces imperantes, como escritoras. Para la articulación de esa filiación imaginaria —de Cervantes a Zayas y las otras escritoras— es necesario reponer en la genealogía creativa un fenómeno dúplice usualmente ignorado: el que a instancias de la Junta de Reformación (1621) se obtiene del Consejo Real y del Emperador Felipe IV la prohibición de imprimir novelas entre 1625 y 1634 (Moll, 1974; Cayuela, 1993). Y ello importa por dos motivos. En primer término, porque favorece que el modelo cervantino tan presente en el decenio posterior a la muerte del alcalaíno perviva, más allá del hiato de proscripción imaginaria, sin interferencias ni potenciales coyunturas de hibridación con otros modelos narrativos para la ficción breve. Y, en segundo orden, porque la clausura temporal de la opción ficcional del relato breve terminó potenciando las entonces imperantes ficciones bizantinas, relatos extensos en prosa propios de la esfera genérica del Romance (Riley, 2001).